YO NO MARCHO EL 8N
Lo digo nomás para que se sepa. No lo decidí ni hoy ni ayer, ni siquiera hace 10 años. Yo no marcho el 8 N porque sé desde la cuna de que lado calienta el sol para los que venimos del subsuelo sublevado de la Patria. Fui nieta, hija, hermana, amiga, compañera de los que fueron masacrados en la Plaza de Mayo en junio del ’55 y, con la sabiduría que tienen los niños, también fui silencio mientras duró la proscripción y mis abuelos, mis padres, mis tíos, sus amigos y compañeros se hacían clandestinos.
Yo no marcho el 8N desde que mi memoria guarda intactos los recuerdos que me dejó la historia pero no digo nada de los que convocan escondidos detrás de “espontáneos” apasionados de las redes sociales porque, para que ellos tengan derecho a manifestarse, el terror sin nombre nos arrebató a los nuestros y nos vació de abrazos.
Sólo digo que yo no marcho el 8N porque no los ví en la plaza poniendo el cuerpo en defensa de la democracia en la Semana Santa de Alfonsín. No los ví en la marcha blanca con los pies cansados y el alma sin fe. Tampoco los vi resistiendo cuando se regalaba YPF, los ferrocarriles, el gas, el teléfono, los barcos y los puertos, los aviones y el aire, la jubilación y la vida y el orgullo y la dignidad del pueblo rodaban cuesta abajo con “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”.
No los ví en la marcha federal ni acompañando a Norma Pla y al Perro Santillán ni a las Madres de Plaza de Mayo, ni a las Abuelas, ni a los HIJOS ni a las Madres del Dolor y no estuvieron en la carpa cuando se remataban sin piedad la educación y la salud y nuestros pibes no tenían más futuro que morir mañana porque de todos modos no había lugar para ellos en su país.
Yo no marcho el 8N porque no los percibí indignados cuando, por el rating y una carrada de dólares, se violaba en público la dignidad desnutrida de una niña. Porque si los hubiera indignado los habría visto en el FRENAPO peleando por una ley que atendiera hace años el hambre más urgente o marchando por trabajo digno para todos, o por mejores salarios, o por distribuir la palabra y distribuir la riqueza o por la memoria, la verdad y la justicia.
Yo no marcho el 8N porque el odio no me convoca ni ahora ni nunca, ni entrego ninguno de los emblemas que nos pertenecen desde el principio de las luchas de los pueblos y porque soy una más de los que esperamos más de treinta años para que se impulsen los juicios a los genocidas. Tampoco me convocan los que sólo buscan satisfacer las necesidades de su yo sin pensar jamás en nosotros y nos estrujan el sudor y se guardan las ganancias.
Y nada más y para que se sepa digo, yo no marcho el 8N porque no dejo que los monopolios de la comunicación me cuenten falacias disfrazadas de verdad y porque no acostumbro a andar distraída por la vida ni me importa repetir lo que mandan decir los que se creen por encima de las leyes de la nación y porque todo, todo, TODO… está guardado en la memoria.
NORMA BLANCA FERNANDEZ
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