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15 septiembre 2015

Música Barroca - Barroco latinoamericano

Espacio de Música Barroca N° 143
por Hugo A. Di Leonardo

El llamado Barroco Misional, es el repertorio que se interpretaba en los siglos XVII y XVIII en las antiguas reducciones jesuíticas que se extendían por Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia.
En este conjunto son destacables, tanto por la cantidad como por la calidad, las obras que se han conservado en las regiones bolivianas de Chiquitos y Moxos que hoy conocemos como Barroco Boliviano, actualmente en pleno auge no sólo en Bolivia e Hispanoamérica, sino a nivel mundial.

Este repertorio tiene una historia sorprendentemente reciente. De hecho, a pesar de ser tan antiguo, empezó a ser rescatado hace apenas 50 años, cuando algunos musicólogos comenzaron a prestar especial atención a las obras producidas en el ámbito de las Reducciones Jesuíticas, entre los siglos XVII y la segunda mitad del XVIII, concretamente hasta 1767, año en que los misioneros fueron expulsados de América, tras la abrupta supresión de la Compañía de Jesús por parte del Papa Clemente XIII.

El despertar definitivo de esta música, que durmió un sueño de siglos, se debió a la perspicacia de un arquitecto jesuita, Hans Roth, que en los años 70 se encontraba trabajando en la reconstrucción de la iglesia de San Rafael de Chiquitos, en Bolivia. Al trazar un plano general de la planta de la iglesia y sus edificaciones contiguas, intrigado por una falta de concordancia en las mediciones, Roth logró descubrir una recámara secreta disimulada tras una gruesa pared de adobe, que había permanecido sellada durante casi tres siglos. Al entrar al recinto se encontró ante un impresionante tesoro artístico: más de cinco mil partituras y decenas de instrumentos musicales, muchos de ellos construidos por los miembros de las comunidades chiquitanas (violines, arpas, violonchelos, flautas, oboes, clarines y diversos tipos de trompetas, entre ellas una de casi dos metros de largo). La espectacularidad del descubrimiento incentivó nuevas investigaciones en pueblos y templos cercanos que condujeron a otros importantes hallazgos.
Al año siguiente, en Moxos, donde los jesuitas habían permanecido desde 1681 hasta 1767, fueron encontradas cerca de cuatro mil partituras más, muchas de ellas compuestas por músicos nativos que habían aprendido instrumentación con los jesuitas. Otras, pertenecientes al italiano Domenico Zipoli, un músico jesuita de primera línea que en Nápoles había sido uno de los más destacados discípulos de Alessandro Scarlatti.

En 1990, la UNESCO declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad a Chiquitos, junto a seis pueblos más aledaños, dejando expresa constancia de que la recuperación de semejantes tesoros musicales, debía ser considerada como uno de los descubrimientos culturales más trascendentes del siglo XX.
Las partituras encontradas permitieron conocer a fondo la obra de aquellos músicos jesuitas, a quienes cupo el mérito de trasladar el esplendor del Barroco de la opulenta Europa (Bach, Vivaldi, Händel, Scarlatti...), a la sencillez de los habitantes de la selvas sudamericanas.
Al poco tiempo de empezar su labor, los jesuitas se sorprendieron de la facilidad con que los nativos asimilaban las complejas obras del Barroco. No sólo contaron enseguida con músicos, sino también con compositores. Pronto estos pobladores locales ocuparon sus lugares en el coro, como solistas, instrumentistas, copistas, constructores de instrumentos e incluso maestros de capilla. Muchos no sabían ni leer ni escribir y dominaban, sin embargo, la lectura musical.

Para los jesuitas, la música tenía una función esencialmente religiosa, por esa razón la mayoría de obras conservadas en los archivos están destinadas a la liturgia. Los indígenas heredaron este valor de la música y conservaron con celo las partituras, copiándolas una y otra vez a medida que se deterioraban.
En las obras destinadas a la liturgia era norma no dejar registro del nombre del autor, pero los jesuitas, desafiando el rigor de las prohibiciones eclesiásticas, solían permitir a los músicos noveles que firmaran sus obras, asentando determinados signos al pie de la partitura a manera de un código secreto. Gracias a este recurso quedó un cierto registro de toda una dinastía de músicos autóctonos.

El repertorio instrumental que se conserva en el Archivo Musical de Chiquitos consiste en dos grandes colecciones: Música para un conjunto instrumental y música para tecla.
Entre la colección de música instrumental encontramos cuartetos, danzas, partidas, conciertos, sinfonías y sonatas, estas últimas las más numerosas."- (Alicia R. Illa).

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